He conocido un lugar dentro de mí al que quiero volver
Quizá la terapia no consiste en convertirte en otra persona.
Quizá consiste en conocer una forma de estar contigo a la que, con el tiempo, quieras volver una y otra vez.

Hay algo que empieza a cambiar después de haber pasado por todo el recorrido. Después de la falta, de descubrir cómo se vive una sesión de terapia desde dentro y de comprender que la resistencia también intenta cuidar de ti.
No es un cambio evidente ni inmediato. Un día descubres que ya no entras igual.
Llegas con lo que traes, como siempre. Con lo que está claro y con lo que todavía no lo está. Y al sentarte, algo en el cuerpo empieza a aflojar ligeramente, como si ese espacio fuera haciéndose cada vez más reconocible.
Mientras lo cuentas, el peso de sostenerlo todo empieza a disminuir. Y en ese gesto pequeño ya hay algo distinto.
Cuando ya no tienes que sostenerlo todo
La experiencia en sesión va tomando otra forma.
Lo difícil sigue presente, pero deja de ocuparlo todo. Empieza a convivir con el resto de lo que eres en ese momento.
Puedes hablar y dejar que las palabras encuentren su ritmo. Puedes quedarte en silencio y permitir que también tenga lugar. Puedes no saber y seguir estando.
Y algo empieza a cambiar.
No porque desaparezca el dolor, sino porque ya no tienes que atravesarlo completamente sola.
Poco a poco aparece una sensación nueva. Más sutil. Más interna. Como si hubiera un lugar dentro de ti que siempre había estado ahí, aunque cubierto por la tensión de sostenerte durante tanto tiempo.
Ese lugar empieza a hacerse más cercano.
Y descubres que no es un lugar distinto a ti, ni un estado especial al que haya que llegar.
Es una forma de estar contigo en la que la exigencia baja, la defensa se relaja y lo que sientes puede existir sin tener que resolverse de inmediato.
Un espacio interno donde puedes acompañarte con menos dureza. Donde lo que te pasa no necesita justificarse para ser válido. Donde empiezas a sentir que también puedes sostenerte con amabilidad.
Y quizá sea aquí donde algo empieza a cambiar de verdad.
La resistencia sigue existiendo, pero deja de dirigir toda la experiencia. Poco a poco aparece más confianza para permanecer con lo que ocurre.
Y cuando eso ocurre, la sesión deja de sentirse como un lugar al que vienes a arreglarte.
Se convierte en un espacio donde puedes estar con lo que hay.
Con lo claro y con lo confuso.
Con lo que se entiende y con lo que todavía no tiene palabras.
Una forma distinta de habitarte
Quizá eso sea lo que transforma el proceso de una manera más profunda.
Lo difícil sigue formando parte de la experiencia, pero deja de ser lo único que la sostiene.
Aparece una forma más silenciosa, más estable y más humana de estar contigo.
Una forma de estar en la que puedes permanecer contigo sin corregirte constantemente, sin exigirte entenderlo todo y sin sentir que tienes que hacerlo perfectamente para poder seguir adelante.
Quizá la terapia no consiste en convertirte en otra persona.
Quizá consiste en descubrir una forma de estar contigo que, poco a poco, empieza a acompañarte también fuera de la sesión.
No como un destino, sino como una experiencia que cada vez reconoces con mayor facilidad.
Y quizá el proceso no trate de llegar a un sitio nuevo.
Sino de aprender a reconocer cómo se siente estar contigo cuando la tensión disminuye, la exigencia deja de ocupar todo el espacio y puedes respirar un poco más dentro de tu propia historia.
A veces ocurre durante unos minutos.
Otras veces solo durante unos segundos.
Pero una vez que lo conoces, sabes que existe.
Y entonces algo cambia de forma silenciosa.
No tanto en lo que ocurre fuera.
Sino en la manera en la que empiezas a vivir lo que ocurre dentro.
Con más espacio, con menos dureza y con una sensación cada vez más reconocible de que puedes estar contigo sin perderte en la exigencia de hacerlo bien.
Hay lugares que no se encuentran fuera.
Se reconocen por cómo puedes estar contigo cuando ya no tienes que recorrer el camino en soledad.
Y quizá eso sea lo que permanece.
No un cambio radical.
Ni una versión nueva de ti.
Sino una forma más amable de habitarte.
Una forma de estar que aparece primero en terapia y que, poco a poco, empieza a acompañarte también fuera de ella.
Ester de la Fuente
